SONY CYBERSHOT DSC - T1
Una pantalla con cámara incorporada
Los ojos como platos. Esa ha sido la expresión que más veces se ha visto en el último par de semanas mientras testábamos la Sony Cyber-shot DSC-T1. Pequeña, de acabado metálico mate altamente atractivo, con un zoom óptico Carl Zeiss montado verticalmente, 5 megapíxeles de resolución, una pantalla gigantesca... Todo el mundo que la ha visto -el que escribe incluido- no ha dicho más que piropos... Se nota que no la han probado.
A veces, todo un tratado puede reducirse a una sola palabra. Con la Sony DSC-T1 pasa algo parecido: podemos decir muchas cosas sobre ella -positivas y negativas-, pero todas ellas pueden quedar reducidas a una sola sensación: decepción. Parecía -cuantas veces habremos dicho ya esto de "parecía"- que Sony había dado en el clavo con su nueva máquina. Pero no. Otra vez el mismo error de siempre: todo se miniaturiza y los ingenieros -o quizás los responsables de marketing- no acaban de percatarse que se pueden miniaturizar muchas cosas, pero no todas.
Insistimos de nuevo: no queremos 5 millones de píxeles; queremos una cámara de 3 ó 4, y con calidad. Queremos altas sensibilidades, queremos un enfoque rápido... Pero no: ellos no nos dan lo que queremos.
Hierro bañado en oro
La T1 es -salvando las distancias- como la bisutería. Por fuera parece mucho, pero por dentro deja que desear. Metiendo mano al refranero español: aunque la mona se vista de seda, mona se queda. La T1 impresiona, y cual modelo de pasarela nos giraríamos si pasase por nuestro lado. Pero -y aquí llega lo importante- no hay suficiente con girarse. Si uno va detrás de ella y al final la conquista, descubre que hubiera sido mejor tenerla en el altar de los recuerdos que en el sótano de las realidades. ¿Por qué?
La T1 se presenta en un formato excepcionalmente atractivo. Una sobria y seductora carcasa metálica del tamaño de una cinta de casete nos invita a investigar. La parte frontal está protegida por una tapa deslizante -en sentido vertical- que protege el objetivo, por el flash -relegado a la miniaturización más absoluta- y una lámpara de ayuda al autoenfoque.
La parte inferior incluye un puerto especifico para el soporte o cradle incluido con la cámara, así como el alojamiento de la batería y la tarjeta MemoryStick Duo. Desgraciadamente, no hay rosca para trípode. En la parte superior se encuentran el micrófono, la luz de encendido y el botón de disparo.
La parte trasera, por último, puede dividirse en dos zonas. Una primera la ocupa el increíble -permitidme la vulgaridad- pantallón: un monitor TFT de 2,5 pulgadas, con más de 200.000 píxeles de resolución, que ofrece una imagen nítida y en tiempo real. La pantalla, no cabe duda, es brutal. Quizás en cámaras de mayor formato pasaría más desapercibida, pero en el caso de la pequeña T1 parece aún más grande de lo que es en realidad. (En alguna ocasión nos han preguntado de qué modelo de PDA se trataba?)
En la pantalla, por otro lado, disponemos de todas las opciones necesarias, desde el tiempo restante de batería -en minutos- hasta la sensibilidad o el modo de medición. No sabemos cuál es el consumo de esta pantalla, pero teniendo en cuenta que no es precisamente pequeña y que la cámara carece de visor directo, damos un aplauso a Sony por equipar a la T1 con una batería de alta duración.
Junto a la pantalla, siempre en la parte trasera, se encuentra la botonería restante: una decena de mandos en el espacio de dos sellos de correos. De arriba abajo, distinguimos el mando del zoom, el altavoz de la cámara, el botón de acceso al menú y el selector de calidad de las fotos, que a la vez nos permite eliminarlas.
Más abajo, están ubicados otros cuatro botones dispuestos en cruz con los que pueden controlarse el flash, el enfoque macro, el temporizador y la revisión rápida de las capturas. Un último botón central hace las veces de botón de confirmación. Un último mando nos permite controlar la pantalla, activando el histograma en tiempo real o desconectando su luz auxiliar para ahorrar energía. Un dato interesante: la T1 está equipada con un botón de "reset" con el que pueden rehacerse los parámetros originales sin tener que adentrarse en el menú.
Más allá de la carcasa
El objetivo de la T1, con unas focales equivalentes a 38-114 mm y una luminosidad de f3,5-4,4, lleva la firma Carl Zeiss, un nombre altamente respetado que, a pesar de ello, no acaba de dar todo lo que se esperaba. Insistimos: tanto afán por miniaturizar lo "inminiaturizable" tiene estas consecuencias. El zoom digital, por su parte, sigue la filosofía de Sony del denominado "smart zoom", esto es, magnificar la imagen encuadrada a medida que la resolución disminuye. Debe reconocerse que esta técnica cumple su misión; el resultado es, cuanto menos, respetable.
El SuperHAD CCD de 5 millones de puntos y un tamaño de 1/2,4 de pulgada genera imágenes a una máxima resolución de 2592 x 1944 píxeles. Estas fotografías tienen un peso máximo de 2,5 MB y se almacenan en tarjetas MemoryStick Duo o PRO Duo. El sensor también sufre los efectos de la miniaturización: un CCD de 4 megapíxeles habría sido más que suficiente.
En efecto, las tomas realizadas incluso a 100 ISO y a pleno sol no son muy nítidas, y tan sólo hay que aumentar un poco la imagen en el ordenador para ver el clásico empastado propio de los filtros de desenfoque suavizado. El ruido de la imagen, asimismo, merece otro comentario. La T1 solo alcanza los 400 ISO de máxima sensibilidad; no nos sorprende, puesto que a este nivel el ruido se hace evidente en las zonas claras y omnipresente en las oscuras.
En el tema de los colores, la T1 tampoco destaca especialmente. En muchas de las tomas realizadas con luz diurna aparece un velo blanquecino y hay una patente falta de contraste, siendo muchísimo mejores los colores de tomas a corta distancia realizadas con flash. Un flash, por cierto, que carece de la opción de reducción de ojos rojos y cuyo alcance es muy limitado. El balance de blancos, por su parte, tampoco destaca por su efectividad con luces que no son blancas -la del sol lo es, por ejemplo-, siendo su funcionamiento realmente malo, tanto con tungstenos como con fluorescentes.
Automatismos mal calibrados
El modo de funcionamiento de la T1 se basa, en lo que respecta a velocidades y diafragmas, en automatismos. No permite elegir en forma alguna velocidad de obturación ni el diafragma, pero para compensar cuenta con una buena remesa de opciones prefijadas. Así, la T1 ofrece desde un modo totalmente automático en el que la cámara asume todos los controles, hasta varios modos escénicos, de funcionamiento discutible: la toma nocturna, por ejemplo, reduce la sensibilidad al mínimo; el modo denominado "retrato nocturno" deja el obturador abierto demasiado tiempo, y en el de deporte la velocidad de obturación que elige la cámara no es la más rápida posible.
La Cyber-shot DSC-T1 es una cámara que aparenta mucho y ofrece poco. Sufre uno de los males de nuestro tiempo: sacrifica un buen diseño en pro del afán por los megapíxeles. Nunca sabremos qué tal habría rendido esta máquina con menor resolución; lo que sí podemos asegurar es que el sensor de 5 megapíxeles no responde, en absoluto, a lo que todos hubiéramos deseado.
EQUIPO USADO
SE ENTREGA:
.- CARGADOR DE VIAJE
.- CARGADOR NORMAL QUE ES ADEMAS PUERTO DE CONEXION INTERFAZ CON LA COMPUTADORA
.- MEMORIA " MEMORYSTICK
.- BATERIA DE LITION
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